Sobre Antiutopías

por Mauricio García Villegas

Sobre Antiutopías
17/07/2023 Alexandra Pareja

Quienes disfrutamos y aprendimos leyendo Delirio Americano, de Carlos Granés, ahora podemos extender esos placeres con su nuevo libro de ensayos, publicado por Angosta bajo el título de Antiutopías. Allí el autor recoge cuatro ensayos sobre los cruces entre arte y política en América Latina, con sus consabidas derivas ilusorias, para bien, por lo general, de la literatura, y para mal de la política. ¿Por qué la utopía malogra la política? A esta pregunta responden los ensayos de Granés y la respuesta va más o menos así: porque al perder su sustento racional, científico y ante la imposibilidad de traducir su paraíso hecho de palabras al mundo real, la utopía se entronca con el radicalismo, con las furias de la política y con la violencia.

Desde que los españoles llegaron a estas tierras a finales del siglo XV, América Latina ha sido tierra bien abonada para las utopías. Hemos alternado, dice Granés, entre las regresivas y las progresistas, entre las defendidas por líderes políticos que sueñan con volver a un pasado ideal y las que luchan por conseguir una sociedad perfecta en el futuro. Las primeras quieren volver a una época que desconocía la maldad (los seres humanos no habían sido contaminados por los vicios de la ciudad moderna). Para las segundas la pureza no fue, sino que está por ser parida por una ideología que, con sus armas, purgará a la sociedad de sus actuales yerros. En las primeras el pasado puro viene al rescate del presente infectado, mientras que en las segundas es el futuro puro el que redimirá ese presente mórbido.

Pero la vida real es otra cosa; está llena de contrastes, de logros y fracasos, de virtudes y vicios. Como la memoria, la historia no está compuesta de hechos sino de la interpretación de esos hechos, o más precisamente, de la interpretación de solo algunos de esos hechos. El expediente utópico es la mirada selectiva de ciertas cosas que pasaron, para luego reinventarlas, de tal manera que sirvan de cimiento para armar un cuento. La utopía, para Granés, es lo contrario de la complejidad, de la misma manera que el dogmatismo es contrario a la tolerancia.

La utopía sigue presente en el continente y para ilustrarlo Granés dedica un ensayo a los llamados estudios decoloniales y, más ampliamente, al posmodernismo, una moda que los latinoamericanos importamos con fervor de las universidades europeas y estadounidenses para renegar con fundamento de la cultura occidental, supuesta raíz de todos nuestros pesares actuales. Del hecho indiscutible de que la dominación ejercida por Europa y por los Estados Unidos todavía existe en América Latina, los estudios decoloniales concluyen que seguimos en las mismas, que la Colonia nunca dejó de existir y que el imperialismo solo cambió de ropaje, de formas, para seguir haciendo lo suyo: someternos. Una vez más, el problema está en eliminar la complejidad, los matices, la incertidumbre, la ignorancia (los ingredientes del recetario utópico) para armar un cuento creíble, o más que eso, un cuento que emocione y, por eso, convenza. “Pureza y autenticidad -dice Granés- eso es lo que prometen los decolonialistas”.

Hace ya varias décadas que está de guisa despotricar de Occidente, de sus valores, su racionalidad, su ciencia, su defensa de la libre circulación de ideas y su moderación. Los estudios decoloniales y en general el posmodernismo y el relativismo axiológico que está detrás de todo ello y de lo que hoy se conoce como “identity politics”, despliegan esa crítica como si fuese el arma secreta para destruir, o deconstruir, a Occidente. Pero no hay nada más occidental que ese proceder, dice Granés. Nada más occidental que la utopía de la pureza y de la autenticidad, el relativismo, el desencanto del capitalismo y del individualismo de la vida moderna. “Todo eso nació en el corazón de Europa” y es por eso las fuentes de inspiración de estos estudios vienen de allí, del viejo continente y de su reelaboración en los departamentos de ciencias sociales de los Estados Unidos.

Antiutopías reivindica lo impuro, lo mestizo, lo híbrido, lo complejo, lo imbricado. Allí reside, dice, nuestra identidad, huidiza sí, pero esa es nuestra autenticidad. Granés, no es el primero que lo dice, desde luego, pero lo dice ahora, con talento y lucidez para hacernos ver la lánguida inutilidad de las utopías que corren por el presente.

 

Mauricio García Villegas