
Sobre Adiós, Estelaria
Álvaro Villa había nacido en 1929. Vivía con su familia en el centro de Medellín y Las Brujas era su finca de recreo en Envigado. La vieja casona aledaña a la ciudad había pertenecido a los Villa desde principios de siglo. Era inquieto y entusiasta, tenía muchos pasatiempos, entre los cuales resaltaba la música, gran pasión heredada de su familia. Su educación tradicional y católica se mezclaba perfectamente con el gusto por las cosas bellas que tuvo siempre.
Estudió ingeniería mecánica en Estados Unidos, y cuando iba a empezar a trabajar como ingeniero en ese país, su vida dio un vuelco importante. Conoció a los Von Trapp, la familia de origen austríaco que se había hecho famosa alrededor del mundo por ser un coro de alto nivel musical. Formó parte de la agrupación por un par de años, y fue allí, cantando que conoció a la que sería su gran amor: Carolina Evans, una joven americana aficionada a la música de los Von Trapp que tiempo después, se convirtió en su esposa y vino a instalarse con él en la casa vieja que había heredado: Las Brujas.
La pareja formó una familia con la llegada de cinco hijos. La música, la espiritualidad y el amor por la naturaleza fueron pilares fundamentales, siempre presentes en la vida de los Villa Evans. Carolina fundó la Liga de la leche para concientizar a las madres sobre su importancia. Álvaro trabajó como ingeniero en una gran empresa textil por muchos años, y luego se retiró para dedicarse a algo que tuviera que ver más directamente con ayudar a los demás. Fue parte fundamental de las fundaciones Futuro para la niñez y Comunidad por los niños. Alternaba su trabajo con su gran pasión, la música, y era miembro de un coro de la ciudad, en el que su voz brillaba y su presencia amorosa inundaba los ensayos que muchas veces se tenían en su casa.
Llevaba un tiempo dedicado al estudio y aplicación de Tecnología apropiada, una teoría que había aprendido de economistas europeos y que pretendía mejorar las fuentes de ingreso de las personas del campo. Convirtió su propia finca, La Estelaria, a las afueras de Envigado, en una granja experimental en la que probaba que con ofrecerles unos conceptos básicos, los campesinos colombianos podrían mejorar su calidad de vida y, a la vez, proteger el medio ambiente.
Inspirado en experiencias europeas, motivado por la convivencia pacífica y con la intención de compartir con otros el lote en el que se encontraba su casa de Las Brujas, se empeñó con un arquitecto amigo en crear una colectividad con características especiales que promovieran la vida comunitaria. La Urbanización Las Brujas se convirtió en ese sueño que le permitiría estar rodeado de familia y amigos cercanos mientras seguía viviendo en su vieja y adorada casa.
En 1989 cumplió sesenta años. Estaba empezando a pensar en la jubilación. Se sentía en paz al ver resultados de su trabajo, sus locuras y pasatiempos. Había gente joven replicando sus obras en las áreas rurales. Quería poder pasar más tiempo con sus nietos. En julio de ese año lo secuestraron. Su vida se deshizo. La de su familia también.
Su historia es recordada por muchos como una de las más dolorosas de su época por tratarse de un hombre bondadoso, sencillo, altruista, entregado por completo a los demás; por ser el centro de una familia muy querida, alegre y generosa a la que la violencia de nuestro país truncó sus vidas para siempre.





