Primer plano: Prohibido tocarse

Primer plano
con Juan Camilo Morales

  1. ¿Cuándo empezaste a escribir?
    Una estudiante muy querida, me dijo, no hace mucho: Profe, eres un contador de historias. Les estaba explicando la triada de Pierce en clase de Semiología y me dio risa que me lo dijera justo en esa materia que es la más teórica que enseño. Creo que ahí puede estar la respuesta. Siempre estoy contando (como el Flaco), tal vez no monedas ni pisos de edificios sino historias. Al buscar y encontrar las palabras ya estoy escribiendo así no sea directamente en un papel. Es lindo pensar que todo lo que hice, incluso antes de la palabra escrita y la gramática, de niño con los juguetes era esto mismo que hago ahora.
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  2.  ¿De dónde crees que sale tu pulsión como escritor?
    De hacer algo para evitar aburrirme. Vinculando todo esto a la pandemia, creo que en un momento muchos, si no fueron casi todos, se dieron cuenta de la importancia de hacer cosas con el tiempo que se tenía. Empezaron a leer más, a cocinar, a hacer manualidades y, por supuesto, a escribir. Esa necesidad siempre la he tenido, desde antes del encierro. Escribo para no aburrirme, escribo “para que mis amigos me quieran más” y escribo para hacer reír como el Flaco.
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  3. ¿Cómo ha sido la experiencia de ser narrador desde una ciudad pequeña?
    Me fui. Viví en Bogotá y pude estudiar Cine y Escritura. Probablemente allá fue donde todo pasó, ahora que vivo acá es que he empezado a recoger lo que moví y removí en esos años. Sin embargo, estar en Manizales me permite tener más tiempo y así, en vez de estar peleando por medio metro cuadrado de espacio en un Transmilenio, puedo escribir e imaginarme la historia de un muchacho (o no tan muchacho) peleando por su espacio en un Transmilenio.
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  4. ¿Cuáles crees que son los mayores retos a los que se enfrenta un escritor de tu generación?
    Probablemente la inmediatez. Todo es vertiginoso y rápido y va a la velocidad de la línea de tiempo infinita de Tik Tok. La pregunta es ¿quién se queda quieto a leer un libro? Y es una pregunta que muchas veces me han hecho. De todas formas, sí las hay; hay personas (y muchas) que todavía quieren y les interesa leer aunque uno crea que no. En esa rapidez e inmediatez parece que los libros son los que deben adaptarse a las dinámicas, entonces hay oleadas de publicaciones de novedades que van y vienen de los estantes de las librerías, generan esta tensión en el libro que precisamente es lento, quieto, pesado. Eso genera vértigo en el lector, en el librero, en las editoriales y, por supuesto, en el escritor.
    Eso es lo lindo de una editorial independiente, que va a un ritmo más pausado y, para mí, más acorde a la naturaleza de la literatura.
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  5. Tu capacidad narrativa cuenta con una fortaleza especial: alta sensibilidad para la narración queer. ¿Cómo lograste encontrar esa voz?
    Cuando era joven, mientras estudiaba medicina, el desespero por hacer algo más me hizo abrir un blog. Se llamó: De la soledad y el amor gay. Estaba en blogspot y lo tuve más o menos por un año. Era, obviamente, todo lo autoindulgente que podría ser algo de un millenial de 17 años, pero creo que contenía algo importante para mí y que más tarde encontraría en referentes puntuales (que cité en los epígrafes de Prohibido tocarse), el sentir. En este momento, por lo menos en lo que tiene que ver con Tubo a tórax y Prohibido tocarse, mi interés no ha sido lo sexual (sin dejar de tratarlo y mostrarlos porque tampoco me interesa el pudor) sino más lo erótico, el sentimiento de proximidad, la compañía de los cuerpos, el amor (pero no desde lo romántico) y los vínculos. Creo que esto hace que las historias logren ser universales y que conecten con las personas independientemente de lo sexual. Aunque, es muy importante para mí que sea claro y evidente que sí estoy hablando de lo gay (y de la soledad y el amor…)
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  6. ¿Cómo conjugas lo adquirido en la formación audiovisual que tuviste con la escritura en tus obras?
    El cine permite unas sutilezas desde la imagen que siempre me han interesado. El plano detalle, la mano que acaricia, los vellos erectándose, la piel de gallina; todo esto, sucediendo ahí frente a todos sin necesidad de nombrarlo. Creo que eso es lo que desde la escritura quiero lograr. Sin embargo, estudié cine porque quería contar. Luego me di cuenta de que el guion, por su naturaleza, no me permitía las subjetividades que me interesaba tratar y tal vez por eso resulté en la literatura.
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  7. ¿Cómo llevas a cabo tu proceso de escritura?
    Todo el tiempo estoy escribiendo porque es mi hobby. Todos los días escribo en las mañanas. Ya se ha convertido en una rutina. Pero esto no es lo más importante. Realmente lo más significativo es cuando comparto los escritos con mi grupo de lectoras y lectores de confianza (así como ellas y ellos me comparten sus cosas) y hablamos, corregimos, sugerimos, en grupo.
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  8. ¿Cómo nació Prohibido tocarse?
    Prohibido tocarse nació en el encierro. Como decía, los que podíamos respirar y teníamos con que comer, rápidamente buscamos hacer algo con el tiempo que teníamos. Yo escribí. Empezó como un cuento y el protagonista era el Flaco, pero rápidamente fue creciendo. En esos días, La diligencia libros hizo un laboratorio de escritura virtual del que participé y en función de eso el primer manuscrito tomó forma.
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  9. ¿Qué otro género te gustaría explorar?
    En este momento estoy escribiendo cuentos y pensando un poco en las posibilidades que permite el formato corto (¿será que me estoy rindiendo al ritmo de Tik Tok?), pero también siempre me ha interesado el ensayo literario y acabo de escribir un manuscrito largo que habla de la relación con la mascota, en mi caso Chester, mi Golden retriever que ya murió, y el duelo por su pérdida.
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  10. ¿Qué te gusta leer?
    Me gusta leer forma. Las historias no me interesan mucho, o es lo menos que me interesa en un escrito. Me gusta encontrar un ritmo que me atrape, una exploración de las palabras, ver una construcción y un ejercicio que trabaja las palabras y el lenguaje como materia que se puede moldear. Es decir, me gusta la poesía, pero sobre todo ese camino que se teje entre narrativa y poesía. Mis grandes son Virginia Woolf, Thomas Bernhard y Fernando Molano.