En el marco de su visita a Barcelona, Nicolás Buenaventura presentó En la piel, su primera novela publicada por Angosta Editores, en una conversación realizada en Casa Amèrica Catalunya. Acompañado por la periodista Pilar Calderón, el autor recorrió el largo proceso de escritura del libro y reflexionó sobre el tránsito entre la oralidad y la novela, el problema del narrador y el lugar de las palabras en una historia atravesada por la calle y el anonimato.
Compartimos aquí algunos de los momentos más significativos de ese encuentro.
Una imagen que no se fue
Buenaventura contó que el origen de En la piel se remonta a 1997, cuando, al pasar por la parte trasera de la plaza de mercado de La Concordia en Bogotá, vio los cuerpos de una mujer y un hombre bajo la lluvia. Horas después, la noticia que ocupó todos los titulares fue la muerte de la princesa Diana. Durante días —recordó— parecía que no hubiera habido otra muerte en el mundo.
Esa imagen no lo abandonó
Los cuerpos comenzaron a crecer por dentro, a exigir una historia. Primero intentó escribir un guion cinematográfico. No funcionó. Lo intentó de nuevo, incluso con versiones en francés. Tampoco. La historia persistía, pero no encontraba forma.
La novela tardó quince años en escribirse. “Durante trece años escribí sin saber quién narraba”, confesó. Sin una voz clara, la historia no podía sostenerse. La escritura avanzaba entre el placer y la frustración.
Ellas: las palabras
En un momento del proceso, el autor comprendió que la novela no estaba narrada por una voz omnisciente. “Narran ellas”, dijo. Ellas: las palabras.
Las palabras, convertidas en protagonistas, decidían contar aquello que nadie quería leer en esos cuerpos: las cicatrices, la violencia, la ternura, el deseo. Decidían narrar la historia de quienes suelen quedar reducidos al anonimato.
Esa decisión también exigía un límite. Si las palabras narraban, no podían saberlo todo. Debían tener una zona oscura. Allí aparece uno de los personajes más potentes de la novela: un niño sordo, “ojos muy atentos”, cuyo mundo no puede ser capturado del todo por el lenguaje.
La calle y la complejidad
En En la piel, los personajes viven en los márgenes. Son vidas atravesadas por la violencia, el abandono y la precariedad. Sin embargo, la novela se resiste a la simplificación. No hay buenos absolutos ni malvados definitivos. Hay decisiones, heridas y contextos.
La intención —dijo el autor— era contar la historia de un príncipe y una princesa de ese país que nadie mira, de esas vidas que rara vez ocupan titulares.
Una estructura que fluye
La novela está organizada en secciones cuyos títulos se repiten: los cuerpos, la calle, en la piel, los nombres de los personajes. No se trata de capítulos convencionales, sino de variaciones que regresan y se transforman.
Buenaventura comparó esa estructura con un río: el mismo río cambia según el terreno que atraviesa. Mantiene su cauce, pero nunca es idéntico.
De la oralidad a la novela
Reconocido como uno de los grandes referentes del arte de contar historias en Iberoamérica, Buenaventura habló también del tránsito de la narración oral a la novela. No se trataba simplemente de cambiar de formato, sino de asumir otra dificultad.
Después de quince años de trabajo, la novela terminó por transformarlo. “Ella me volvió a fundar”, dijo en respuesta a una pregunta del público.
En la piel confirma la potencia narrativa de Nicolás Buenaventura y su capacidad para construir una lengua propia, donde la oralidad dialoga con una arquitectura literaria exigente.
La novela está disponible en librerías y en nuestra tienda en línea.
Agradecemos a Casa Amèrica Catalunya por el espacio y la invitación que hizo posible este encuentro.




